Se vende Xbox
En concreto, una Serie S de 512 GB, con un mando y una tarjeta de expansión de 1 TB WD_Black. Suena muy a anuncio de Wallapop, pero en realidad es el culmen de una desilusión con las consolas y con una generación que nunca terminó de arrancar para mí. Aunque, si alguien la quiere, que no dude en contactarme. Una generación que comenzó en 2020 y a la cual me sumé en el 23; y ahora, en 2025, me bajo de ella… y casi que de las consolas también.
La verdad es que nunca he sido un gran amante del formato físico, así que opté por la consola digital de Microsoft, ya que entonces tenían un servicio muy atractivo llamado Game Pass. Aunque Game Pass sigue existiendo, ya no tiene nada de atractivo por sus continuas subidas de precio. Al principio pagaba 13 € al mes por Ultimate (el tier más alto), luego subió a 15 €, después a 18 € y la última subida lo colocó en 27 €. Esa ha sido la gota que ha colmado el vaso.
He tenido consolas toda mi vida, pero a día de hoy ya no me apetecen más. Me siento mucho más cómodo jugando en PC y con todo lo que ofrece. Me gusta configurar los juegos para que tiren bien, poder meter algunos mods para facilitarme la vida o hacerlos más divertidos y, sobre todo, no tener que pagar una suscripción para jugar online.
Mi primera consola fue una Game Boy Color morada con el Pokémon Cristal, que en mi memoria está asociada a recibirla en el hospital cuando era niño para hacer más llevadera la estancia. Probablemente no fuera así la historia, pero la memoria recuerda como quiere. De ahí recuerdo otros juegos: Donkey Kong, Wario Land, Link’s Awakening DX y un sinfín de títulos de Nintendo que me acompañaron durante mucho tiempo. Luego vinieron la Game Boy Advance, la Advance SP y juegos como Pokémon Esmeralda o Mario vs. Donkey Kong. Más tarde, una GameCube con más Pokémons, Zelda Wind Waker (la mejor obra de la historia), el Smash o el Kirby Air Ride (otro pepino cósmico). Muchos buenos recuerdos con las consolas de Nintendo y muchas tardes jugando con amigos.
El siguiente salto fue, obviamente, la Wii, con más Zelda y, sobre todo, el Xenoblade Chronicles, además de seguir disfrutando juegos de la Cube. Durante mucho tiempo fue mi última consola de sobremesa, aunque sí tuve otras portátiles. La Nintendo DS, con otra retahíla de juegos de Nintendo, y la maravillosa tarjeta R4, que permitió descubrir muchísimos títulos. Y también otra portátil todavía más maravillosa: la PSP. Amo esa consola por todo lo que trajo a mi vida; ya mencioné el Football Manager, pero también una saga magnífica como Monster Hunter o los Metal Gear que tuvo la portátil. La PSP y la DS llegaron en una época estupenda, abriéndome la puerta a muchísimos juegos gracias a la piratería y, por ello, a día de hoy sigo jugando… eso sí, ya comprando juegos, ¿eh?
Tras eso llegó una época de jugar menos, de hacer otras cosas y de pasarme un poco más al PC, aunque esos no fueron mis inicios con la master race. Eso empezó con un ordenador de sobremesa familiar y juegos como Age of Empires, entre otros, pero esa no es la historia. Estábamos en el punto en que dejaba las consolas: tenía mi primer portátil para el instituto y empezaba la era de los smartphones como plataforma perfecta para emular.
Aquí toca un salto en el tiempo hasta la Nintendo Switch, o Esgüitch, para los amigos. La Switch fue la primera consola que me compré yo, y la verdad es que le di bastante tralla. Una consola híbrida, sobremesa y portátil a la vez, aunque no muy portátil en mi caso. Y volvemos a 2023, con la compra de la Xbox Series S, de machacar el Game Pass durante dos años… hasta que el precio me ha echado. Eso sí, ha sido como aquella época de PSP y DS, descubriendo un montón de juegos gracias a la facilidad que daba el servicio, y con eso me quedo.
Ahora, cansado de consolas y cada día más cómodo en el PC, sobre todo en Steam, con una Steam Deck que da muchísima comodidad y que sí saco de casa, me planteo incluso volver a instalar la Epic Store para aumentar aún más el diógenes digital y usarla de vez en cuando gracias a su biblioteca de juegos regalados. Ya no quiero consolas. Ya no tengo la Esgüitch, regalada esta a otra persona, y la Xbox va a la venta en cuanto se termine lo que tengo de Game Pass acumulado, el día 21 de diciembre. Ahora me declaro pecero.
Y así cierro un capítulo largo lleno de botones, cartuchos, discos y pantallas pequeñas iluminando mi habitación. Me quedo con los recuerdos, con todo lo que jugué y descubrí gracias a las consolas, pero también con la ilusión renovada de seguir disfrutando este hobby desde el PC, a mi ritmo y como más me gusta.
Quién sabe si en un futuro volveré a tener una consola. Ahí está la promesa de la Steam Machine, que dice querer llevar la master race a nuestros salones… quién sabe.
Al final, jugar va de eso: de pasarlo bien, de encontrar tu lugar y de seguir disfrutando como cuando eras un niño.
Nos vemos en la próxima, y que disfrutéis mucho de lo que juguéis, sea donde sea.
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